No somos un cuerpo de críticos colegiados, ni siquiera somos críticos de cine. Tampoco somos periodistas ni intentaremos serlo, tal cosa no nos impide ejercer el ejercicio de la crónica ni el vicio de compartir nuestros pareceres de las películas que pasen por nuestros ojos, estrenos y clásicos, hollywoodenses o independientes, venezolanas o extranjeras.

Tampoco deseamos ser una parodia, ni intentaremos ser un intento “wannabe” de los fallecidos Ebert & Siskel, ellos son palabras mayores, somos sus admiradores y respetamos su trabajo porque era eso lo que hacían: TRABAJO. Esto no lo vemos como tal, por más que alimentar un sitio y sentarse a escribir exija un esfuerzo físico y mental, pero esta labor la abordamos como una pasión que nos desconecta del trabajo y nos nutre el alma.

Cine en contraste no se trata de un sitio de dos tipos que tienen pareceres encontrados sobre cada película que ven, el contraste va más allá de la diferencia de opiniones de un par de personas, en este sitio invitamos a todos los interesados a nutrir la discusión y alimentar el debate para que el presumido contraste tome forma y cuerpo.

La necesidad de contrastar también nace de utilizar este espacio como una ventana para exponer lo que sucede en Venezuela y el mundo a nivel social sin patrioterismos baratos ni sentimentalismo de candidata a reina de belleza, las películas se asumen desde aquí como un espacio para analizar el estado de la industria y su manera de reflejar lo que en el plano real sucede, trataremos de descubrir, en la medida de los posible, si los trabajos estrenados vienen con la intención de despistar, denunciar o simplemente entretener.

Cuando utilizamos el término “en la medida de lo posible” lo hacemos con un ejercicio de franqueza al que nos mantendremos apegados pues no tenemos una oficina, un gran mesón donde planificar estrategias de comunicación, ni siquiera un pizarrón blanco para filtrar lo que se puede y no se puede publicar, somos por el momento dos personas con realidades contrastadas unidas por el amor al cine.

Marlo Muñoz es ingeniero en computación, recientemente emigró con su familia a México huyendo de la inflación venezolana, la más alta del mundo, es agnóstico confeso a un paso del ateísmo y enamorado del cine clásico. Alejandro Carrillo es licenciado en Artes, mención diseño gráfico, “cuasi-preso” en su país por la revolución bolivariana que apoyó en tiempos de Chávez, con un par de niñas de un año y un niño de 7 años, vive a diario las consecuencias sociales de un país destrozado por un díalogo de sordos entre cúpulas corruptas, nuestras realidades como ven también son contrastadas.

A Marlo se le suele acusar de ser un espectador amargado, conservador y cerrado a lo nuevo, por su parte Carrillo es señalado de ser un amante de cualquier cosa, una especia de San Nicolás new age y de paso un paranoico socialista que regala puntos a todas las películas que ve y para rematar presume de encontrar conspiraciones ocultas todos los filmes. La verdad es que todas esas acusaciones son falsas….

¿O no? Los invitamos a descubrirlo en este viaje que ya comenzó…